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Estas enseñanzas de Pema Chödrön exploran cómo permanecer presentes cuando todo se desmorona, abordando el miedo, la desesperanza y la compasión como parte esencial del camino espiritual.

Sobre Pema Chödrön..

Pema Chödrön, nacida como Deirdre Blomfield-Brown en Nueva York en 1936, es una monja budista y una de las maestras contemporáneas más influyentes del budismo tibetano en Occidente. Antes de ordenar como monja, fue madre, profesora de educación primaria y atravesó profundas crisis personales que marcaron decisivamente su camino espiritual.

Tras estudiar literatura inglesa y educación, y después de años de búsqueda, conoció a Lama Chime Rinpoché y más tarde a Chögyam Trungpa Rinpoché, quien se convirtió en su principal maestro. En 1974 fue ordenada monja novicia y, en 1981, se convirtió en la primera mujer estadounidense en recibir la ordenación completa (bhikṣuṇī) en la tradición vajrayāna.

Desde mediados de los años ochenta ha estado profundamente vinculada a la Abadía de Gampo, en Nueva Escocia (Canadá), el primer monasterio tibetano en Norteamérica para hombres y mujeres occidentales, del que fue directora durante muchos años. A lo largo de su vida ha escrito numerosos libros que han acercado las enseñanzas budistas a millones de personas, siempre desde un lenguaje directo, humano y profundamente compasivo.

Permanecer cuando no hay suelo..

Desesperanza, miedo y ausencia de control

Uno de los puntos centrales de estas enseñanzas es la invitación a permanecer en el borde, justo cuando el suelo desaparece bajo nuestros pies. Pema señala que el sufrimiento no proviene tanto del dolor en sí, sino del intento constante de encontrar seguridad, control o una salida que nos devuelva a una sensación de estabilidad.

La desesperanza, entendida aquí como renunciar a la expectativa de que todo se arregle o de que el malestar desaparezca, no es un fracaso. Es, de hecho, el comienzo del camino. Cuando dejamos de luchar por encontrar un lugar mejor donde estar o alguien mejor que ser, aparece una posibilidad inesperada: relajarnos con la incertidumbre misma.

El miedo surge de forma natural en este punto. No como un error, sino como una señal de que nos estamos acercando a la verdad de nuestra experiencia. En lugar de huir, anestesiarlo o espiritualizarlo, la práctica consiste en acercarse al miedo con honestidad, permitiendo que revele lo que normalmente evitamos ver.

Los ocho dharmas mundanos

Esperanza y miedo en la vida cotidiana

Pema Chödrön retoma una enseñanza clásica del budismo: los ocho dharmas mundanos, cuatro pares de opuestos que organizan gran parte de nuestra vida emocional: placer y dolor, ganancia y pérdida, alabanza y culpa, fama y desgracia.

Gran parte de nuestro sufrimiento surge de quedar atrapados en estos movimientos de esperanza y miedo. Cuando algo nos agrada, nos aferramos; cuando algo nos incomoda, tratamos de evitarlo. Este vaivén constante no suele ser consciente, pero condiciona profundamente nuestras reacciones, decisiones y estados de ánimo.

La práctica no consiste en erradicar estas experiencias, sino en reconocer cómo nos enganchan, cómo colorean nuestra percepción y cómo construimos una identidad frágil alrededor de ellas. Al ver este proceso con claridad, algo se afloja. Aparece más espacio, más amabilidad y una relación menos rígida con nosotros mismos y con los demás.

Tonglen y compasión encarnada

Usar el sufrimiento como camino

En este contexto aparece la práctica de tonglen, que va contra la lógica habitual de evitar el dolor y buscar únicamente el bienestar. Tonglen nos invita a respirar con el sufrimiento, empezando por el propio, y a reconocer que aquello que nos duele no es algo aislado, sino compartido por innumerables seres.

Cuando no huimos de nuestra propia incomodidad, miedo o resistencia, se abre la posibilidad de una compasión genuina. No una compasión idealizada, sino una compasión nacida del contacto directo con la vulnerabilidad humana.

Así, lo que parecía un obstáculo —el miedo, la desesperanza, el dolor— se convierte en medicina. El sufrimiento deja de ser algo que hay que eliminar y pasa a ser un camino de apertura, conexión y cuidado profundo por la vida tal como es.

“La compasión no es una relación entre el que ayuda y el que sufre. Es una relación entre iguales.”
— Pema Chödrön

Cuando todo se derrumba: Palabras sabias para momentos difíciles

Cuando las cosas se desmoronan
La desesperanza y la muerte

Cuando las cosas se desmoronan y estamos al borde de no sabemos qué, la prueba para cada uno de nosotros es permanecer en ese borde y no solidificar. El camino espiritual no trata de llegar al cielo ni de alcanzar finalmente un lugar maravilloso donde todo esté bien.

Lo que me ocurrió cuando llegué a la abadía fue que todo se vino abajo. Todas las formas en que me protegía, todas las maneras en que me engañaba, todas las formas en que mantenía mi imagen pulida de mí misma… todo se derrumbó. Por mucho que lo intentara, no podía manipular la situación. Mi estilo estaba volviendo locos a los demás, y yo no encontraba ningún sitio donde esconderme.

Siempre me había considerado una persona flexible y complaciente, bien querida por casi todo el mundo. Había logrado sostener esta ilusión durante la mayor parte de mi vida. Durante mis primeros años en la abadía descubrí que había estado viviendo en una especie de malentendido. No era que no tuviera buenas cualidades, sino que no era la chica dorada definitiva. Tenía mucho invertido en esa imagen de mí misma, y ya no se sostenía.

Todo aquello que antes no había sido capaz de ver en mí misma se dramatizó de repente. Fue tan doloroso que me pregunté si alguna vez volvería a ser feliz. En un lugar donde había tanta práctica y tanto estudio, no podía perderme tratando de justificarme y culpando a los demás. Ese tipo de salida no estaba disponible.

Cuando el suelo desaparece bajo nuestros pies y no encontramos nada a lo que aferrarnos, duele mucho. Podemos tener una visión romántica de lo que eso significa, pero cuando la verdad nos clava, sufrimos. Nos miramos al espejo del baño y allí estamos, con nuestros granos, nuestro rostro envejecido, nuestra falta de amabilidad, nuestra agresividad y nuestra timidez… todo eso.

Aquí es donde entra la ternura. Cuando las cosas están inestables y nada funciona, puede que nos demos cuenta de que estamos al borde de algo. Puede que nos demos cuenta de que este es un lugar muy vulnerable y delicado. Podemos cerrarnos y sentir resentimiento, o podemos entrar en contacto con esa cualidad palpitante. Hay algo definitivamente tierno y palpitante en la ausencia de suelo.

Que las cosas se desmoronen es una especie de prueba y también una especie de sanación. Pensamos que el objetivo es superar la prueba o resolver el problema, pero la verdad es que las cosas no se resuelven realmente. Se juntan y se desmoronan. Luego vuelven a juntarse y vuelven a desmoronarse. Es así. La sanación surge al permitir que haya espacio para que todo esto ocurra: espacio para el duelo, para el alivio, para la miseria, para la alegría.

No sabemos nada. Llamamos malo a algo; llamamos bueno a algo. Pero en realidad no sabemos. Dejar espacio para no saber es lo más importante de todo. Cuando hay una gran decepción, no sabemos si ese es el final de la historia. Puede que sea solo el comienzo de una gran aventura.

Si estamos dispuestos a renunciar a la esperanza de que la inseguridad y el dolor puedan ser exterminados, entonces podemos tener el valor de relajarnos con la ausencia de suelo de nuestra situación. Este es el primer paso en el camino.

En tibetano hay una palabra interesante: ye tang che. Significa totalmente agotado, totalmente harto. Describe una experiencia de completa desesperanza, de renunciar por completo a la esperanza. Este es el comienzo del comienzo. Sin renunciar a la esperanza de que haya un lugar mejor donde estar o alguien mejor que ser, nunca podremos relajarnos con el lugar en el que estamos ni con quienes somos.

La desesperanza significa que ya no tenemos el ánimo de sostener nuestro propio teatro. Hemos probado mil maneras de escondernos y mil maneras de atar todos los cabos sueltos, y el suelo sigue moviéndose bajo nosotros. En cada giro nos damos cuenta una vez más de que no podemos conseguir ningún suelo firme bajo nuestros pies.

Si la esperanza y el miedo son dos caras de la misma moneda, también lo son la desesperanza y la confianza. Renunciar a la esperanza es una invitación a permanecer contigo mismo, a hacerte amigo de ti mismo, a no huir de ti mismo, a volver a lo básico, pase lo que pase.

 
Intimidad con el miedo
Ir contra la corriente

Emprender el camino espiritual es como subirse a una barca muy pequeña y adentrarse en el océano en busca de tierras desconocidas. Con una práctica entregada llegan la inspiración y el entusiasmo, pero tarde o temprano también nos encontraremos con el miedo. Como todos los exploradores, nos sentimos atraídos a descubrir lo que nos espera ahí fuera, sin saber aún si tendremos el valor de afrontarlo.

El miedo es una experiencia universal. Incluso el insecto más pequeño lo siente. No es algo terrible sentir miedo cuando nos enfrentamos a lo desconocido. Es parte de estar vivos, algo que compartimos todos. Reaccionamos ante la posibilidad de la soledad, de la muerte, de no tener nada a lo que aferrarnos. El miedo es una reacción natural a acercarnos a la verdad.

Si nos comprometemos a permanecer justo donde estamos, entonces nuestra experiencia se vuelve muy vívida. Las cosas se vuelven muy claras cuando no hay ningún lugar al que escapar.

Durante un retiro largo tuve una revelación: no podemos estar en el presente y al mismo tiempo mantener nuestras historias. Cuando uno lo descubre por sí mismo, cambia. La impermanencia se vuelve viva en el momento presente; también lo hacen la compasión, el asombro y el valor. Y también el miedo. El momento presente es un lugar vulnerable, completamente inquietante y completamente tierno al mismo tiempo.

De lo que estamos hablando es de conocer el miedo, familiarizarnos con el miedo, mirarlo directamente a los ojos, no como una forma de resolver problemas, sino como un desmantelamiento completo de las viejas maneras de ver, oír, oler, saborear y pensar. Los descubrimientos que se hacen a través de la práctica no tienen nada que ver con creer en algo. Tienen mucho más que ver con tener el valor de morir, el valor de morir continuamente.

Cuando nos detenemos ahí y no actuamos, no reprimimos ni culpamos, nos encontramos con una pregunta abierta que no tiene respuesta conceptual. Y también nos encontramos con nuestro corazón.

Como dijo tan elocuentemente un estudiante:
“La naturaleza de Buda, hábilmente disfrazada de miedo, nos da una patada para volvernos receptivos.”

Nadie nos dice que dejemos de huir del miedo. Rara vez se nos dice que nos acerquemos, que simplemente estemos ahí, que nos familiaricemos con el miedo. Habitualmente entramos en pánico ante el más mínimo indicio de miedo. Lo sentimos venir y nos desconectamos. Es bueno saber que hacemos eso, no para castigarnos, sino como una forma de desarrollar compasión incondicional. Lo más desgarrador de todo es cómo nos robamos a nosotros mismos el momento presente.

A veces, sin embargo, nos vemos acorralados; todo se desmorona y se nos acaban las opciones de escape. En momentos así comprendemos que, aunque no podamos hacer que el miedo resulte bonito, aun así nos introducirá en todas las enseñanzas que jamás hayamos oído o leído.

Así que la próxima vez que te encuentres con el miedo, considérate afortunado. Normalmente pensamos que las personas valientes no tienen miedo. La verdad es que son íntimas con el miedo.

Tonglen invierte la lógica habitual de evitar el sufrimiento y buscar el placer. En ese proceso nos liberamos de patrones muy antiguos de egoísmo. Comenzamos a sentir amor tanto por nosotros mismos como por los demás. Tonglen despierta nuestra compasión y nos introduce en una visión mucho más amplia de la realidad.

Para sentir compasión por los demás, tenemos que sentir compasión por nosotros mismos. Tener compasión significa no huir del dolor de encontrar estas mismas cualidades en nosotros. En lugar de rechazar el dolor y escondernos de él, podemos abrir el corazón y permitirnos sentirlo como algo que nos ablanda y nos vuelve más amorosos y amables.

A menudo no podemos hacer esta práctica porque nos encontramos cara a cara con nuestro propio miedo. En ese momento podemos practicar tonglen con lo que estamos sintiendo y con millones de personas que, en ese mismo instante, sienten exactamente la misma angustia.

Esta práctica va contra la corriente de querer que todo funcione a nuestra manera. Disuelve las paredes que hemos construido alrededor del corazón. Podemos usar lo que parece veneno como medicina. Podemos usar nuestro propio sufrimiento como el camino hacia la compasión por todos los seres.

 
Los ocho dharmas mundanos

Podríamos sentir que deberíamos erradicar estos sentimientos de placer y dolor, pérdida y ganancia, alabanza y culpa, fama y desgracia. Un enfoque más práctico sería llegar a conocerlos, ver cómo nos enganchan y cómo colorean nuestra percepción de la realidad. Entonces los ocho dharmas mundanos se convierten en el medio para volvernos más sabios y más amables.

Una de las enseñanzas budistas clásicas sobre esperanza y miedo se refiere a los ocho dharmas mundanos: cuatro pares de opuestos. El mensaje básico es que, cuando estamos atrapados en ellos, sufrimos.

Siempre que nos sentimos bien, nuestros pensamientos suelen girar en torno a lo que nos gusta. Cuando nos sentimos incómodos, giran en torno a lo que no nos gusta. Muchos de nuestros cambios de humor están relacionados con cómo interpretamos lo que ocurre.

La ironía es que nosotros inventamos los ocho dharmas mundanos. No son nada concreto en sí mismos. Más extraño aún es que nosotros tampoco somos tan sólidos. Tenemos un concepto de nosotros mismos que reconstruimos momento a momento y tratamos de proteger.

En la meditación podemos notar cómo lo que comienza como un pensamiento sencillo florece rápidamente en placer o dolor. A veces nos encontramos atrapados en un drama, y entonces podemos preguntarnos: “¿Qué está pasando aquí?” Y ver cómo, una vez más, estamos enganchados.

Justo entonces podemos sentir esa energía, dejar que los pensamientos se disuelvan y darnos un respiro. Más allá de todo ese alboroto hay un cielo inmenso. Ahí mismo, en medio de la tempestad, podemos soltarlo y relajarnos.

Somos como niños construyendo un castillo de arena. El truco está en disfrutarlo plenamente pero sin aferrarnos, y cuando llegue el momento, dejar que se disuelva de nuevo en el mar.

Cuando nos volvemos más lúcidos y compasivos con respecto a cómo nosotros mismos nos enganchamos, espontáneamente sentimos más ternura por la raza humana. Y comprendemos que no hay forma de beneficiar a nadie a menos que empecemos por nosotros mismos.

 
Este mismo momento es el maestro perfecto
Relájate tal como es

En general, consideramos cualquier forma de incomodidad como malas noticias. Pero para quienes anhelan conocer lo que es verdadero, estos momentos nos enseñan exactamente dónde nos estamos conteniendo. Este mismo momento es el maestro perfecto, y está con nosotros dondequiera que estemos.

La meditación es una invitación a notar cuándo llegamos a nuestro límite y a no dejarnos arrastrar por la esperanza y el miedo. Incluso cuando nos cerramos, ya no podemos hacerlo desde la ignorancia. Vemos claramente que nos estamos cerrando, y eso, en sí mismo, empieza a iluminar la oscuridad.

Llegar a nuestro límite no es un castigo. Es una señal de salud. Nos invita a dejar de luchar y a mirar directamente aquello que nos amenaza. Cuando no solidificamos la experiencia, la energía misma nos atraviesa y nos abre. Esto es el descubrimiento de la ausencia de ego.

Nos sentamos a meditar no para convertirnos en buenos meditadores, sino para estar más despiertos en nuestra vida. Con el tiempo, dejamos de luchar y nos relajamos. Volvemos a la frescura del momento presente.

Este proceso dura el resto de nuestra vida. Seguimos abriéndonos, aprendiendo y convirtiéndonos en personas más amorosas y compasivas.

Ver lo que está ocurriendo —eso es la enseñanza.
La lucidez está disponible en cada momento de nuestras vidas ordinarias, extrañas e insondables.

☸ Texto leído y traducido al español por KarunaPura a partir de las enseñanzas de Pema Chödrön, extraídas de su libro When Things Fall Apart. Heart Advice for Difficult Time. Para saber más de Pema Chödrön visita la página de su fundación.

Jordi Clement

Autor Jordi Clement

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