Aquí encontrarás las diferentes posturas para meditar, cómo sentarte correctamente y algunas claves sencillas para encontrar una posición cómoda y estable durante la práctica.

La postura para meditar es una posición estable y relajada que permite mantener el cuerpo equilibrado y la mente clara durante la práctica. Cuando el cuerpo encuentra una postura cómoda y digna, la respiración fluye con naturalidad y la atención plena puede mantenerse con mayor facilidad.

Muchas personas que comienzan a interesarse por la meditación o el mindfulness se preguntan cómo deben sentarse para meditar. Las imágenes tradicionales suelen mostrar posturas complejas, como el loto, lo que puede generar la impresión de que meditar requiere una gran flexibilidad o años de práctica física.

En realidad, la postura para meditar correctamente no consiste en adoptar una posición perfecta. El objetivo es encontrar una forma de sentarse que permita estar estable, relajado y atento al momento presente.

hombre preparando un cojín de meditación en casa antes de empezar a meditar
Preparando el cojín antes de empezar la práctica de meditación.

La meditación sentada constituye el corazón de la práctica formal. Todos sabemos estar sentados, igual que todos sabemos respirar. No tiene nada de extraordinario. Sin embargo, sentarse con atención plena es algo diferente a simplemente estar sentado.

La diferencia está en la intención.

Cuando practicamos, reservamos un tiempo y un espacio para el no-hacer. Nos sentamos con la intención de estar presentes, sin intentar llenar el momento con distracciones o actividades.

En ese contexto, la postura se convierte en un soporte para la práctica. No es el objetivo de la meditación, pero sí crea las condiciones adecuadas para que la mente pueda asentarse.

Por eso, desde los primeros textos de la tradición budista, la postura aparece mencionada como parte de la práctica. El Buda describe la meditación de esta forma:

«Aquí, habiendo ido a un bosque, al pie de un árbol o a un lugar tranquilo, el practicante se sienta con las piernas cruzadas y el cuerpo erguido, estableciendo la atención.»

La postura no es una cuestión estética. Es simplemente una manera de permitir que el cuerpo esté estable mientras la mente observa la experiencia.

La meditación sentada constituye el corazón de la práctica formal. Todos sabemos estar sentados, igual que todos sabemos respirar. No tiene nada de extraordinario. Sin embargo, sentarse con atención plena es algo diferente a simplemente estar sentado.

Cuando practicamos meditación, la forma en que nos sentamos tiene importancia. La postura del cuerpo influye directamente en la estabilidad de la mente.

Cuando practicamos, reservamos un tiempo y un espacio para el no-hacer. Nos sentamos con la intención de estar presentes, sin intentar llenar el momento con distracciones o actividades.

En ese contexto, la postura se convierte en un soporte para la práctica. No es el objetivo de la meditación, pero sí crea las condiciones adecuadas para que la mente pueda asentarse con más facilidad.

Por eso, desde los primeros textos de la tradición budista, la postura aparece mencionada como parte de la práctica. El Buda describe la meditación de esta forma:

«Aquí, habiendo ido a un bosque, al pie de un árbol o a un lugar tranquilo, el practicante se sienta con las piernas cruzadas y el cuerpo erguido, estableciendo la atención.»

La postura no es una cuestión estética. Es simplemente una manera de permitir que el cuerpo esté estable mientras la mente observa la experiencia.

No es la postura “perfecta” lo que hace que la meditación sea mejor. Lo importante es encontrar una posición en la que realmente podamos soltar la tensión y permanecer ahí sin esfuerzo.

Esto no se consigue con rigidez ni intentando mantener la postura que creemos correcta, sino descubriendo aquella en la que podemos confiar en que, al relajar y soltar el control, el propio cuerpo seguirá sosteniéndonos.

No existe una única postura válida para meditar. Cada cuerpo tiene su propia estructura y cada persona puede encontrar la posición que le resulte más natural.

Algunas personas prefieren sentarse en el suelo, mientras que otras utilizan una silla. Lo importante no es la postura exacta, sino encontrar una posición que permita estar estable, relajado y atento.

Estas son algunas de las posturas más utilizadas en la práctica de meditación.

Postura birmana

La postura birmana es una de las más comunes en la meditación.

En esta posición nos sentamos con las piernas cruzadas, pero sin colocar un pie sobre el muslo contrario. Las dos piernas descansan en el suelo, una delante de la otra.

Esta postura suele resultar más cómoda que el loto porque no requiere tanta flexibilidad en las caderas. Cuando las rodillas pueden apoyarse en el suelo o en un cojín, el cuerpo forma una base muy estable.

Muchas personas utilizan un cojín de meditación para elevar ligeramente la pelvis. Esto facilita que la espalda se mantenga recta sin esfuerzo.

Postura de piernas cruzadas (postura fácil)

Otra opción muy sencilla es la postura de piernas cruzadas, a veces llamada postura fácil.

En este caso simplemente cruzamos las piernas de forma natural y nos sentamos sobre un cojín firme. Esta postura suele ser accesible para la mayoría de las personas que empiezan a meditar.

El cojín ayuda a inclinar ligeramente la pelvis hacia delante, lo que permite mantener la columna más alineada.

Sin embargo, esta postura también tiene una pequeña limitación. Al cruzar las piernas de forma simétrica, una queda apoyada directamente sobre la otra. Con el peso del propio cuerpo, los huesos de una pierna presionan sobre los músculos y los nervios de la pierna opuesta. Después de un tiempo, esta presión puede dificultar la circulación de la sangre y provocar sensaciones de adormecimiento, hormigueo o incluso dolor.

Postura japonesa (seiza)

La postura japonesa consiste en sentarse de rodillas con los glúteos apoyados sobre los talones o sobre un pequeño banco de meditación.

Algunas personas encuentran esta postura muy cómoda porque mantiene la espalda erguida de forma natural. También permite mantener las rodillas apoyadas en el suelo, lo que proporciona una buena sensación de estabilidad.

En muchas salas de meditación se utilizan bancos de madera diseñados específicamente para esta postura.

Meditación en silla

Meditar en una silla es una opción completamente válida.

De hecho, para muchas personas es la forma más cómoda de practicar. No es necesario sentarse en el suelo para meditar correctamente.

Si utilizas una silla, conviene mantener algunos aspectos en mente:

  • los pies apoyados en el suelo
  • las rodillas a la altura o ligeramente por debajo de las caderas
  • la espalda erguida

Siempre que sea posible, es recomendable sentarse ligeramente separado del respaldo para que la columna se sostenga por sí misma.

Postura de loto y medio loto

La postura de loto es una de las posiciones de meditación más conocidas. En ella, cada pie se coloca sobre el muslo contrario, formando una base muy estable. Existe también el medio loto, en el que solo uno de los pies se apoya sobre el muslo opuesto.

Estas posturas pueden resultar muy estables cuando el cuerpo tiene suficiente flexibilidad en las caderas. Sin embargo, también pueden generar tensión en las rodillas o los tobillos si se fuerzan.

Por eso, en la práctica de meditación no es necesario adoptar el loto. Lo más importante es encontrar una postura cómoda y estable que permita al cuerpo relajarse y a la mente asentarse.

Con el tiempo, la postura deja de sentirse como algo que hay que mantener. Se convierte simplemente en un lugar donde el cuerpo descansa y la mente puede asentarse con naturalidad.

Independientemente de la postura que elijas para meditar, hay algunos principios sencillos que ayudan a mantener el cuerpo equilibrado y relajado durante la práctica.

La inclinación de la cadera: la base de una buena postura

Tanto si usamos una silla como si nos sentamos en el suelo, uno de los aspectos más importantes de la postura de meditación, y a menudo uno de los menos explicados, es la posición de la cadera.

Cuando nos sentamos para meditar, la pelvis debería inclinarse ligeramente hacia delante. Esta pequeña inclinación permite que la columna vertebral se eleve de forma natural y mantenga sus curvas sin necesidad de forzar la espalda.

Si la pelvis se inclina hacia atrás, algo que ocurre con frecuencia cuando nos sentamos directamente en el suelo o en un cojín demasiado bajo, la parte baja de la espalda tiende a redondearse. Como consecuencia, el pecho se hunde y la cabeza se desplaza hacia delante. En esa posición el cuerpo necesita hacer un esfuerzo constante para mantenerse erguido.

En cambio, cuando la cadera se inclina ligeramente hacia delante, el peso del cuerpo descansa sobre los isquiones, los dos huesos de la base de la pelvis sobre los que nos sentamos. Desde ese punto de apoyo la columna puede elevarse con mayor facilidad y el cuerpo encuentra una sensación más natural de equilibrio.

Por esta razón muchas personas utilizan un cojín de meditación relativamente alto. Al elevar la pelvis por encima de las rodillas resulta mucho más fácil mantener esta inclinación natural de la cadera.

También puede ser muy útil utilizar una toalla plegada o un pequeño cojín colocado bajo la parte posterior de los glúteos. La idea no es sentarse completamente sobre el soporte, sino apoyar solo la parte trasera de la pelvis, de manera que los isquiones queden ligeramente fuera del cojín. Esto facilita que la pelvis pueda inclinarse hacia delante con más naturalidad y ayuda a que la columna encuentre su posición sin esfuerzo.

Este tipo de apoyo sencillo suele marcar una gran diferencia, especialmente cuando estamos empezando a meditar o cuando pasamos más tiempo sentados.

En cierto sentido, la postura de meditación no comienza en la espalda sino en la base del cuerpo. Cuando la cadera está bien colocada, el resto de la postura suele organizarse por sí sola.

La posición de la espalda

La espalda suele mantenerse recta, pero sin tensión. No se trata de forzar la columna, sino de permitir que el cuerpo se sostenga de forma natural. Una espalda erguida ayuda a que la respiración fluya con mayor libertad y favorece una sensación de alerta tranquila.

La posición de las piernas

Las piernas deben proporcionar una base estable. Cuando las rodillas están bien apoyadas —ya sea en el suelo o en un cojín— el cuerpo encuentra más fácilmente el equilibrio y la postura se vuelve más cómoda.

La posición de las manos

Las manos pueden descansar sobre las rodillas o en el regazo. Algunas personas colocan una mano sobre la otra, mientras que otras prefieren apoyarlas sobre las piernas. Lo importante es que los brazos permanezcan relajados y sin tensión.

La posición de la cabeza y la mirada

La cabeza suele mantenerse alineada con la columna, con la barbilla ligeramente recogida. Los ojos pueden permanecer cerrados o entreabiertos, con la mirada relajada hacia el suelo, sin fijarse en ningún punto en particular.

Uno de los errores más comunes al empezar a meditar es obsesionarse con encontrar la postura perfecta.

Cuando intentamos mantener una posición demasiado rígida, el cuerpo se tensa y la mente se vuelve inquieta.

La postura de meditación debería permitir descansar en el cuerpo.

Esto significa encontrar una posición estable, pero al mismo tiempo relajada. No estamos luchando contra el cuerpo, sino apoyándonos en él.

En muchas tradiciones este equilibrio se describe como el punto medio entre dos extremos: ni demasiado tenso ni demasiado relajado.

Cuando encontramos este equilibrio, la postura deja de ser una preocupación. Se convierte simplemente en el lugar desde el cual podemos observar la respiración, las sensaciones del cuerpo y el movimiento de la mente.

ilustración de postura correcta para meditar sentado en cojín y en silla mostrando alineación de cadera y columna

Es normal que aparezcan pequeñas molestias cuando empezamos a practicar meditación.

El cuerpo no está acostumbrado a permanecer quieto durante largos periodos de tiempo, por lo que necesita adaptarse poco a poco.

Si aparece incomodidad, podemos observarla durante unos momentos con atención plena. A veces la sensación cambia por sí sola.

Si la molestia persiste, podemos ajustar la postura con calma. No es necesario permanecer completamente inmóvil si el cuerpo necesita moverse.

También puede ayudar utilizar cojines adicionales o probar otra postura.

La práctica de mindfulness incluye aprender a escuchar al cuerpo con amabilidad.

Con todo esto en mente, puedes ahora probar algunas de estas posturas y observar cuál se adapta mejor a tu cuerpo.

No es necesario encontrar la postura perfecta desde el principio. A menudo es útil experimentar: probar distintas posiciones, ajustar la altura del cojín o colocar pequeños apoyos bajo las rodillas si lo necesitas.

Cada cuerpo es diferente, y parte de la práctica consiste precisamente en ir descubriendo qué postura permite estar más cómodo, estable y relajado durante la meditación.

Con el tiempo, irás encontrando de forma natural aquella posición en la que el cuerpo puede descansar y la mente puede permanecer más tranquila.

ilustración de una mujer meditando en una silla mostrando cómo la atención se va a un pensamiento y vuelve a la respiración en el abdomen

La postura para meditar no tiene que ser complicada. Basta con encontrar una posición estable, relajada y cómoda que permita mantener el cuerpo equilibrado y la mente atenta.

Ya sea en el suelo o en una silla, lo importante es que la postura permita descansar en el cuerpo sin tensión innecesaria.

A partir de ahí, la práctica consiste simplemente en observar la respiración, las sensaciones y el movimiento de la mente con atención plena.

Si estás empezando a practicar, puedes leer también nuestra guía sobre cómo empezar a meditar en casa o comenzar con el curso gratuito Aprende a meditar en 7 días, donde explicamos paso a paso cómo desarrollar una práctica sencilla.

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