El Sutra del Diamante es uno de los textos más conocidos del budismo Mahāyāna, perteneciente a la tradición de la prajñāpāramitā, la «perfección de la sabiduría». Se presenta como un diálogo entre el Buda y su discípulo Subhūti, en el que se explora de forma directa la naturaleza de la realidad, la mente y el camino del bodhisattva.

Un texto con historia

El Sutra del Diamante tiene más de mil años de historia viva. La copia impresa más antigua que se conserva data del año 868 d.C. y fue encontrada en las cuevas de Dunhuang, en China. Al pie de ese pergamino de cinco metros alguien escribió: «Hecho reverentemente para su distribución gratuita universal por Wang Jie, en nombre de sus dos padres.» Un gesto de generosidad que, sin querer, ilustra perfectamente una de las enseñanzas centrales del propio texto.

Hoy ese pergamino está en la Biblioteca Británica. Y el sutra sigue vivo en monasterios de todo el mundo, especialmente en la tradición Zen, donde se recita, se contempla y se usa como herramienta directa de práctica.

Una enseñanza que deshace lo que creemos saber

Desde el inicio, el sutra plantea una pregunta esencial:
¿cómo debe orientarse la mente de quien aspira al despertar supremo (anuttara samyaksambodhi)?

La respuesta del Buda no es una explicación conceptual. Es un proceso de desmontaje.

Una y otra vez, el texto muestra que aquello que damos por sólido —el yo, los seres, las cosas, incluso la propia enseñanza— no tiene una existencia fija. Por eso el sutra utiliza constantemente una forma paradójica: “Lo que se llama… no es realmente…, por eso se le llama…” No es un juego filosófico. Es una forma de liberar la mente de sus propias construcciones.

Dar sin apoyarse en nada

Uno de los temas centrales es la práctica de la generosidad. El Buda señala que el bodhisattva da, pero sin apoyarse en nada al dar: ni en lo que da, ni en a quién da, ni en la idea de que está dando.

Cuando no hay ese apoyo, la acción queda libre de cálculo y de identidad. Y su mérito, dice el Buda, es tan vasto como el espacio en todas las direcciones: no puede medirse porque no está basado en un yo que acumule.

Ver sin signos

El sutra también advierte sobre la tendencia a buscar la verdad en formas o apariencias. «Donde hay signos, hay engaño», dice el Buddha directamente.

En este contexto, los «signos» son las formas, características o ideas que la mente utiliza para identificar algo: lo que vemos, lo que nombramos, lo que pensamos sobre ello. Son las marcas con las que construimos la sensación de que algo es definido y sólido.

El problema no es que aparezcan, sino que tendemos a tomarlos como algo fijo y real en sí mismo. En ese momento dejamos de ver con claridad y nos quedamos atrapados en la interpretación. Por eso el sutra señala que donde hay fijación, hay engaño.

No podemos reconocer al Buddha por su forma física, ni a la realidad por sus apariencias. Ver solo los signos es quedarse en la superficie.

Esto se extiende a todo: ni siquiera podemos aferrarnos al dharma. El Buddha lo compara con una balsa: nos sirve para cruzar el río, pero sería absurdo cargarla a la espalda una vez en la otra orilla.

El corazón del sutra

En algún momento del diálogo, el Buda dice algo que puede quedarse resonando mucho tiempo: “Que surja una mente que no se apoye en nada.”

No en la forma, no en el sonido, no en ningún objeto mental. Una mente abierta, sin ancla, completamente libre. No se trata de negar la realidad, sino de dejar de solidificarla. Cuando la mente deja de agarrarse, aparece una claridad que no depende de conceptos.

Una invitación a la práctica

Este sutra no está pensado para entenderse del todo a nivel intelectual. Se lee, se escucha, se contempla. Algunas frases pueden quedarse resonando durante días o años, como una pregunta abierta.

Al final, el Buda ofrece una imagen con la que despedirse:

“Todos los fenómenos son como un sueño, una ilusión, una burbuja, una sombra. Como el rocío y el relámpago. Así deberías meditar sobre ellos.”

Más que ofrecer respuestas, el Sutra del Diamante apunta directamente a la experiencia: ver cómo la mente crea sus propios apoyos y aprender a soltarlos.

“Así debes contemplar todos los fenómenos:
como un sueño, una ilusión, una burbuja, una sombra;
como el rocío y el relámpago.”

— Sutra del Diamante

Sutra del Diamante – El diamante que corta la ilusión

(Vajracchedikā Prajñāpāramitā Sūtra)

Así lo he oído.

En una ocasión, el Buddha se encontraba en el monasterio del parque de Anāthapiṇḍika, en la arboleda de Jeta, cerca de Śrāvastī, acompañado por una comunidad de mil doscientos cincuenta bhikshus plenamente ordenados.

Aquel día, cuando llegó el momento de la ronda de limosnas, el Buddha se puso su manto saṅghāṭi y, tomando su cuenco, entró en la ciudad de Śrāvastī para mendigar alimento, yendo de casa en casa. Cuando terminó la ronda, regresó al monasterio para tomar la comida del mediodía. Después guardó su manto y su cuenco, se lavó los pies, dispuso su asiento y se sentó.

En ese momento, el Venerable Subhūti se levantó, descubrió su hombro derecho, apoyó la rodilla derecha en el suelo, unió las palmas con respeto y dijo al Buddha:

—Venerable Señor del Mundo, es raro encontrar a alguien como usted. Siempre sostiene y deposita su confianza en los bodhisattvas.

Venerable Señor del Mundo, si los hijos e hijas de buena familia desean dar origen a la mente del despertar supremo e insuperable (anuttara samyaksambodhi), ¿en qué deberían apoyarse y cómo deberían dominar su mente?

El Buddha dijo a Subhūti:

—Los bodhisattvas mahāsattvas dominan su mente meditando así: «Sean cuales sean las especies de seres vivos —nacidos de huevo, del vientre, de la humedad o de forma espontánea; tengan forma o no la tengan; posean percepción o no la posean; o no pueda decirse de ellos ni que poseen percepción ni que no la poseen— debemos conducirlos a todos hacia el nirvāṇa, para que sean liberados. Y, sin embargo, cuando este número innumerable, inconmensurable e infinito de seres haya sido liberado, en verdad no pensamos que un solo ser haya sido liberado.»

¿Y por qué? Porque, Subhūti, si un bodhisattva mantiene aún la noción de un yo, de una persona, de un ser viviente o de una duración de vida, ese no es un verdadero bodhisattva.

Además, Subhūti, cuando los bodhisattvas practican la generosidad, no se apoyan en ningún objeto: ni en forma, ni en sonido, ni en olor, ni en sabor, ni en tacto, ni en ningún objeto mental. Así es como practican la generosidad: sin apoyarse en signos.

¿Por qué? Porque si practican la generosidad sin apoyarse en signos, el mérito que surge de ese acto virtuoso no puede concebirse ni medirse.

Subhūti, ¿crees que el espacio en el este puede medirse?

—No, Venerable Señor del Mundo.

—¿Y el espacio en el oeste, en el sur, en el norte, arriba o abajo? ¿Puede medirse?

—No, Venerable Señor del Mundo.

—Del mismo modo, Subhūti, el mérito de un bodhisattva que practica la generosidad sin apoyarse en ningún concepto es como el espacio: no puede concebirse ni medirse. Los bodhisattvas deben permitir que su mente repose en esta enseñanza.

Subhūti, ¿es posible reconocer al Tathāgata por medio de signos corporales?

—No, Venerable Señor del Mundo. Cuando el Tathāgata habla de signos corporales, en realidad no hay signos de los que hablar.

El Buddha dijo:

—Donde hay signos, hay engaño. Si puedes ver la naturaleza sin signos de los signos, entonces puedes ver al Tathāgata.

El Venerable Subhūti preguntó:

—En tiempos futuros, ¿habrá personas que, al escuchar estas enseñanzas, tengan fe verdadera en ellas?

El Buddha respondió:

—No hables así, Subhūti. Quinientos años después de que el Tathāgata haya pasado al nirvāṇa, todavía habrá quienes encuentren alegría en observar los preceptos. Cuando escuchen estas palabras, reconocerán su verdad. Sabrás que esas personas no han sembrado raíces saludables solo bajo uno o dos Buddhas, sino bajo innumerables Buddhas.

Cualquiera que, aunque sea por un instante, genere una confianza pura y clara al escuchar estas palabras del Tathāgata, será visto y conocido por el Tathāgata, y alcanzará mérito inconmensurable.

¿Y por qué? Porque esa persona no quedará atrapada en la idea de un yo, de una persona, de un ser viviente o de una duración de vida. Tampoco quedará atrapada en la idea de dharma ni en la idea de no-dharma. Si uno se aferra a la idea de dharma, se aferra también a la idea de yo, persona, ser viviente y duración de vida. Y si uno se aferra a la idea de no-dharma, se aferra igualmente a esas mismas nociones.

Por eso no debes aferrarte ni a la idea de dharma ni a la idea de no-dharma. Este es el sentido oculto cuando el Tathāgata dice: «Bhikshus, sabed que el dharma que enseño es como una balsa.» Debes abandonar incluso el dharma, cuánto más aquello que no es dharma.

Subhūti, ¿qué piensas? Cuando el Tathāgata practicaba en tiempos antiguos bajo la guía del Buddha Dīpaṅkara, ¿alcanzó algo?

Subhūti respondió:

—No, Venerable Señor del Mundo. Cuando el Tathāgata practicaba bajo la guía del Buddha Dīpaṅkara, no alcanzó nada.

El Buddha preguntó:

—¿Qué piensas, Subhūti? ¿Adorna un bodhisattva un Campo de Buddha?

—No, Venerable Señor del Mundo. ¿Por qué? Porque adornar un Campo de Buddha no es en realidad adornar un Campo de Buddha. Por eso se dice que es adornar un Campo de Buddha.

El Buddha dijo:

—Así es, Subhūti. Todos los bodhisattvas mahāsattvas deben dar origen a una mente pura y clara de esta manera. Cuando surge esa mente, no debe apoyarse en forma, sonido, olor, sabor, tacto ni en objeto mental alguno. Deben dar origen a una intención con una mente que no mora en ningún lugar.

Por eso, Subhūti, cuando los bodhisattvas generan la mente del despertar supremo e insuperable (anuttara samyaksambodhi), deben abandonar todas las ideas. No deben apoyarse en la forma al generar esa mente, ni en sonido, olor, sabor, tacto ni en objeto mental alguno. Deben dar origen únicamente a la mente que no mora en ninguna parte.

El Tathāgata ha dicho que todas las nociones no son en realidad nociones, y que todos los seres vivos no son en realidad seres vivos.

Subhūti, el Tathāgata es quien habla de las cosas tal como son. Habla lo que es verdadero y habla de acuerdo con la realidad. No habla falsamente.

Subhūti, si decimos que el Tathāgata ha realizado una enseñanza, esa enseñanza no es ni verdadera ni falsa.

Subhūti, los bodhisattvas que todavía dependen de nociones para practicar la generosidad son como alguien que camina en la oscuridad: no ven nada. Pero cuando los bodhisattvas no dependen de ningún objeto mental para practicar la generosidad, son como alguien con buena vista caminando bajo la luz del sol: pueden ver todas las formas y colores.

Subhūti, no digas que el Tathāgata piensa: «Conduciré a los seres vivos a la otra orilla de la liberación.» No pienses de ese modo.

¿Por qué? Porque en verdad no hay seres vivos que el Tathāgata conduzca a la otra orilla.

Si el Tathāgata pensara que hay seres que liberar, estaría atrapado en la idea de un yo, de una persona, de un ser viviente o de una duración de vida.

Subhūti, aquello que el Tathāgata llama un yo no es un yo tal como las personas ordinarias creen que existe. Y el Tathāgata no considera a las personas ordinarias como verdaderamente ordinarias. Por eso puede llamarlas personas ordinarias.

El Buddha preguntó:

—¿Qué piensas, Subhūti? ¿Puede alguien contemplar al Tathāgata por medio de los treinta y dos signos?

Subhūti respondió:

—Sí, Venerable Señor del Mundo. Podríamos contemplar al Tathāgata por medio de los treinta y dos signos.

El Buddha dijo:

—Si afirmas que el Tathāgata puede ser contemplado por medio de los treinta y dos signos, entonces también un monarca universal sería un Tathāgata.

Subhūti respondió:

—Venerable Señor del Mundo, comprendo su enseñanza. No se debe contemplar al Tathāgata por medio de los treinta y dos signos.

Entonces el Venerable Señor del Mundo expresó este verso:

Quien me busca en la forma o me busca en el sonido camina por un camino equivocado y no puede ver al Tathāgata.

Subhūti, si piensas que el Tathāgata alcanza el despertar supremo e insuperable (anuttara samyaksambodhi) sin usar todos los signos, estás equivocado.

No pienses de ese modo. No creas que quien da origen a la mente del despertar supremo e insuperable debe considerar que todos los fenómenos están separados de la vida o que no existen.

Quien da origen a la mente del despertar supremo e insuperable no afirma que todos los fenómenos sean inexistentes ni que estén cortados de la vida.

Tras escuchar este discurso del Buddha, el Venerable Subhūti, los bhikshus y bhikshunis, los laicos y las laicas, así como los dioses y los asuras, llenos de alegría y confianza, comenzaron a poner estas enseñanzas en práctica.

☸ Texto leído y traducido al español por KarunaPura a partir de la versión de Thich Nhat Hanh del Sutra del Diamante (Vajracchedikā Prajñāpāramitā Sūtra).

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