El Dhamma es lo que el Buddha enseñó. Un sistema educativo que describe la realidad tal como es, las leyes naturales que la rigen y el deber de vivir en armonía con ellas. Comprensión, práctica y sus frutos son inseparables.
Rueda del Dhamma sobre fondo blanco. Símbolo del camino budista

La palabra dhamma aparece en casi cualquier texto budista. El significado más conocido es quizás «las enseñanzas del Buddha«. Aun así, esta palabra aparece numerosas veces en esas mismas enseñanzas, refiriéndose a conceptos distintos: la realidad tal como es, la ley que rige esa realidad, la práctica que conduce al cese de la insatisfacción y los resultados de esa práctica. Entenderlos de forma integrada cambia cómo leemos las enseñanzas y cómo nos situamos frente a la práctica.

Cuando empecé a practicar meditación hace doce años, en la tradición vajrayāna dzogchen, entendía dharma como las enseñanzas del Buddha. Así seguí cuando pasé a la escuela Theravāda. Pero poco a poco la palabra se fue abriendo. Dhamma estaba en todas partes: una sensación al comer, placer al contemplar una puesta de sol, un enfado que surgía antes de poder controlarlo, un pensamiento que parecía mío y desaparecía solo. Ya no era solo un conjunto de doctrinas. Era la naturaleza misma en su sentido más amplio y profundo.

Dhamma y dharma: la misma raíz, distintos marcos

Dhamma es la forma en pali. Dharma es su equivalente en sánscrito. Ambas proceden de la raíz dhr-, que significa «sostener» o «mantener»: aquello que sostiene el orden de las cosas. El término es compartido por varias tradiciones indias (religiones dhármicas), como el hinduismo, el jainismo y el budismo, pero cada una lo interpreta desde su propio marco doctrinal.

La diferencia entre ambos términos marca el origen de los textos que cada tradición utiliza como referencia:

  • Dhamma (Pali): Es la forma usada en la tradición Theravāda. El pali es una lengua antigua del norte de la India y considerada la más cercana al dialecto que el Buddha habló personalmente. Las enseñanzas en pali se conservaron oralmente y luego se fijaron en el Canon Pali, la colección de textos más antigua y completa que se conserva. Se practica principalmente en Sri Lanka, Myanmar, Tailandia, Laos y Camboya.
  • Dharma (Sánscrito): Es la forma utilizada en el budismo Mahāyāna y en las escuelas tibetanas. Estas tradiciones se basan en textos que fueron escritos o traducidos al sánscrito (y más tarde al chino y al tibetano) durante la expansión del budismo en la India y hacia el norte y este de Asia.
Etimología

La raíz sánscrita dhr- significa «sostener, mantener». Dhamma/dharma designa aquello que sostiene el orden natural.

  • En pali, la forma es dhamma
  • En sánscrito, dharma.

Qué significa dhamma

La palabra dhamma la encontramos en los textos budistas con significados distintos según el contexto. Todos estos significados se complementan:

La naturaleza de las cosas tal como son.

En su sentido más básico, dhamma es la naturaleza de cada cosa. El fuego quema: eso es su dhamma. El agua moja lo que toca: eso es su dhamma. Un pensamiento aparece en la mente, permanece un instante y desaparece sin que nadie lo decida: eso también es dhamma. Tu cuerpo envejece cada día aunque no lo notes: eso es dhamma.

La palabra abarca la totalidad de lo que existe y ocurre, humano y no humano, agradable y desagradable.

La ley natural que rige esa realidad.

Esa naturaleza tiene un orden. Sigue unas leyes universales. Lo condicionado surge por causas y cesa cuando esas causas cesan.

El hambre aparece porque el cuerpo necesita alimento. La irritación aparece cuando la mente se aferra a que las cosas sean de otra manera. Un practicante se sienta a meditar con la mente agitada y, al cabo de veinte minutos de observar la respiración, nota que la agitación se ha calmado sola: no la ha forzado, simplemente ha dejado de alimentar sus causas. Todo esto sigue un orden. No es una ley impuesta desde fuera, como un mandamiento. Es la regularidad inherente a los fenómenos. El budismo la llama idappaccayatā: condicionalidad.

La tradición pali resume este principio así:

«cuando esto existe, aquello surge; cuando esto cesa, aquello cesa».

La enseñanza del Buddha.

El Buddha no inventó esa ley. La observó, la comprendió y la describió. Esa descripción es el Dhamma como doctrina: una exposición de cómo funciona la realidad, qué leyes la rigen y cómo vivir conforme a ellas. Es el significado más conocido. Cuando alguien dice «estudio el Dhamma» o «practico el Dhamma«, se refiere a esto.

El núcleo de esa enseñanza son las Cuatro Nobles Verdades, que puedes encontrar desarrolladas en Las Cuatro Nobles Verdades: el diagnóstico del Buddha.

El deber de vivir conforme a esa ley y sus resultados.

Una vez comprendida la naturaleza de las cosas, hay una forma de actuar que se ajusta a ella: la conducta ética (sīla), la práctica meditativa (samādhi) y el cultivo de la sabiduría (paññā).

Cuando alguien genera codicia, aversión o confusión, el resultado inmediato es agitación y malestar: primero en quien los genera, después en quienes lo rodean. Cuando genera generosidad, benevolencia o claridad, el resultado es calma y bienestar. No hay retraso en esta respuesta: la ley natural actúa en el momento mismo.

Puedes comprobarlo ahora mismo: observa una emoción difícil sin reaccionar y verás el resultado por ti mismo. Siente la diferencia entre observar ese espacio o dejarte arrastrar por la reacción. En ambos casos, estás experimentando la ley del dhamma en tiempo real; la diferencia está en si esa experiencia te conduce a la claridad o a más insatisfacción.

Fenómenos, objetos de experiencia directa.

Cuando los textos hablan de dhammas en plural y en minúscula, se refieren a elementos concretos de la experiencia. En el Satipaṭṭhāna Sutta (MN 10), el cuarto fundamento invita a observar «los dhammas como dhammas«: obstáculos mentales, agregados, bases sensoriales, factores del despertar.
Son lo que el practicante encuentra cuando se sienta a meditar: la pereza que aparece a los veinte minutos, el impulso de levantarse, la calma que surge cuando deja de luchar contra la distracción. Todo eso son dhammas.

Detalle de naturaleza — Dhamma como la realidad tal como es
Acepciones del término Dhamma:
  1. La naturaleza de las cosas tal como son.
  2. La ley natural que rige esa realidad.
  3. La enseñanza del Buddha.
  4. El deber de vivir conforme a esa ley y sus resultados.
  5. Fenómenos, objetos de experiencia directa (dhammas).

Todos estos significados son, en realidad, dimensiones de lo mismo: la enseñanza de la realidad que el Buddha descubrió y compartió para el beneficio de todos. Piénsalo así: el Dhamma (la enseñanza) es el mapa, y los dhammas (los fenómenos) son el territorio de tu propia experiencia. Practicar el Dhamma es aprender a observar directamente ese territorio.

Ehipassiko: "ven y compruébalo tú mismo"

El Dhamma se describe con seis cualidades (dhamma-guṇa) que forman parte de la recitación de refugio que los practicantes Theravāda realizan a diario:

Dhamma-guṇa: las seis cualidades
  • Svākkhāto: bien expuesto.
  • Sandiṭṭhiko: visible aquí y ahora, verificable por uno mismo.
  • Akāliko: de efecto inmediato, no diferido.
  • Ehipassiko: que invita a venir y comprobar.
  • Opaneyyiko: que conduce hacia adelante.
  • Paccattaṃ veditabbo viññūhī: que debe ser experimentado individualmente por los sabios.

De todas ellas, ehipassiko es la que define con más claridad la actitud del budismo Theravāda frente al conocimiento. La palabra viene de dos raíces pali: ehi («ven») y passiko (del verbo «ver»). Es claramente una invitación a que podamos realmente investigar desde la experiencia directa lo que las enseñanzas están exponiendo.

Todos mis maestros han remarcado esto desde el primer momento en que han compartido el Dhamma conmigo. Las enseñanzas del Buddha no son para tomárselas simplemente al pie de la letra y de forma ciega, sino para ser cuestionadas y comprobadas por uno mismo. Ehipassiko expresa exactamente eso: una invitación a conocer por ti mismo esta naturaleza, estas leyes que forman parte de nuestra existencia, y a vivir en armonía con ellas.

En el Kālāma Sutta (AN 3:65), podemos ver esta actitud con claridad. Los Kālāmas, un pueblo del valle del Ganges, estaban confundidos porque distintos maestros llegaban a su aldea, cada uno ensalzando su doctrina y atacando las demás. Cuando el Buddha los visitó, no les pidió que aceptaran su enseñanza por fe. Les dijo que no se guiaran por la tradición oral, la lógica, la apariencia del orador ni por respeto al maestro. Les pidió que examinaran por sí mismos qué estados mentales conducen al sufrimiento y cuáles al bienestar, y que actuaran en consecuencia. Esa orientación hacia el examen directo muestra la misma actitud que expresa ehipassiko.

Pero ehipassiko tampoco nos dice que la fe sea irrelevante. El Caṅkī Sutta (MN 95) añade un matiz importante: la fe puede preservar la verdad, pero no equivale todavía a descubrirla. El descubrimiento de la verdad exige escuchar, examinar, practicar y realizar directamente.

Eso es lo que Buddha nos señala continuamente:

«el Dhamma debe ser practicado, experienciado, vivido»

La fe y el razonamiento son las luces que iluminan nuestro camino, pero después hay que andar ese camino. No podemos limitarnos a encender todas las luces y permanecer quietos sin comprobar qué hay detrás de cada puerta.

Por qué el Dhamma

¿Por qué practicar Dhamma? La respuesta se ancla en algo que cualquiera puede observar: envejecemos, enfermamos, morimos. Esto es inevitable. Pero la mayor parte de nuestro sufrimiento no proviene de estos hechos, sino de cómo reaccionamos ante ellos y ante todo lo que nos ocurre entre medias: con aferramiento, con aversión, con ignorancia.

El Buddha comenzó su enseñanza con una observación que cualquier persona puede verificar:

Hay estados mentales que conducen al sufrimiento (codicia, aversión, confusión) y estados que conducen al bienestar (generosidad, benevolencia, claridad).

Esto es lo que mostró a los Kālāmas. A partir de esta observación simple, accesible por experiencia directa, se despliega todo el camino.

La enseñanza existe porque hay un problema real: la insatisfacción inherente a la experiencia condicionada. Y existe un camino verificable para comprenderla y ponerle fin. Todo apunta en una misma dirección: comprender la realidad tal como es y actuar en armonía con ella.

Lo que dhamma no es

Cuando nos acercamos al Dhamma por primera vez, es fácil que traigamos ideas de otras disciplinas o filosofías. Vamos a ver con estos puntos que no es el Dhamma:

Puerta abierta con luz cálida y naturaleza interior. El Dhamma como camino de verificación directa

Dhamma no es un dogma revelado. No hay autoridad externa que lo imponga ni texto que deba aceptarse sin examen. El Dhamma no pide fe ciega: pide investigación directa. Eso es precisamente lo que expresa ehipassiko. Como vimos en el Caṅkī Sutta, incluso la fe se entiende como punto de partida que debe dar paso a la verificación personal.

Dhamma tampoco es filosofía especulativa. El Buddha dejó de lado las preguntas metafísicas que no conducen al cese de la insatisfacción: si el universo es eterno o no, si el cuerpo y el alma son lo mismo o no. El Dhamma tiene un propósito práctico concreto: comprender la naturaleza de dukkha y el camino para su cesación.

En cuanto a la confusión con mindfulness: la atención plena (sati) es solo un factor del Noble Óctuple Sendero. El Dhamma incluye ese factor, pero también conducta ética, concentración, sabiduría, visión correcta y liberación. Por eso no conviene equipararlo con mindfulness secular, que es una técnica de atención sin el marco doctrinal que la sostiene.

A veces me preguntan en qué momento la teoría se convierte en algo real. Para mí pasó de forma muy sencilla: dejé de leer sobre el sufrimiento y empecé a observarlo como algo que estaba ocurriendo. Sin tomármelo como algo personal, sin intentar cambiarlo o sin desear que fuera distinto a como era.

Lo primero que noté fue que el dolor no desaparecía, pero dejaba de ser un problema. Esa desagradabilidad en la experiencia seguía ahí, pero ya no era «mi» dolor. Era un proceso: aparecía por unas causas, se quedaba un rato y se iba cuando esas causas dejaban de alimentarlo. Eso que yo estaba viendo tenía nombre en pali: anattā (el no-yo) y anicca (la impermanencia).

La tradición llama a eso «abrir el ojo del Dhamma«: el momento en que las enseñanzas dejan de ser solo doctrina y se convierten en la descripción viva de lo que te está pasando ahora mismo. El Dhamma no existe para atraparnos en otro sistema de creencias, sino para comprender directamente la realidad y la ley de causa y efecto que la gobierna.

Escrito por Jordi Clement

Profesor de meditación y Dhamma, y cofundador de KarunaPura. Su formación se ha desarrollado principalmente en la tradición theravāda.

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