El Sallasutta (SN 36.6) contiene una de las imágenes más claras del Canon Pali: la parábola de las dos flechas. Descubre qué enseñó el Buddha sobre el dolor inevitable y el sufrimiento que añadimos nosotros mismos.

Qué enseña el Sallasutta

Hay dolores que no podemos evitar. Y hay dolores que nosotros mismos construimos encima de lo que ya duele. El Buddha lo explicó con una imagen que, veinticinco siglos después, sigue siendo extraordinariamente clara: la parábola de las dos flechas.

El Sallasutta o Sallatha Sutta (SN 36.6) es uno de los discursos más breves y directos del Canon Pali. En él, el Buddha plantea una pregunta sencilla pero decisiva: ¿cuál es la diferencia real entre una persona que practica el Dhamma y una que no? La respuesta no tiene que ver con dejar de sentir dolor, sino con dejar de multiplicarlo.

Esta enseñanza es especialmente accesible para quien se acerca por primera vez al budismo, pero también profundamente relevante para practicantes con experiencia, porque toca el mecanismo más básico y cotidiano de la insatisfacción (dukkha): nuestra reacción automática ante lo desagradable.

La primera flecha: lo que no podemos evitar

El Buddha comienza el Sallatha Sutta estableciendo un punto fundamental: tanto la persona común como el noble discípulo instruido experimentan sensaciones agradables, desagradables y neutras. Nadie está exento. La primera flecha, el dolor físico, la pérdida, la enfermedad, la frustración, la incomodidad, llega sin pedir permiso. Es parte de la vida.

Este punto es importante porque deshace una idea errónea que a veces se asocia con la práctica budista: la creencia de que meditar o seguir el Dhamma nos hará inmunes al dolor. El Buddha no promete eso. Lo que señala es algo mucho más preciso y, en cierto sentido, más liberador.

Vedanā: la clave que conecta todo

Para entender bien el Sallatha Sutta es necesario comprender un concepto central: vedanā, que traducimos como «sensación». Vedanā no se refiere solo a una sensación física del cuerpo. En el contexto del Dhamma, designa la tonalidad hedónica inmediata con que cualquier experiencia se presenta: agradable, desagradable o ni agradable ni desagradable.

Es el tono afectivo más básico de la experiencia, anterior a cualquier emoción elaborada o historia personal. Cada vez que vemos algo, oímos algo, pensamos algo, hay una vedanā presente. Lo que el Buddha muestra en este sutta es que nuestra relación con esa vedanā, si la comprendemos o no, si reaccionamos ciegamente o la observamos con claridad, determina si quedamos atrapados en la insatisfacción o encontramos una salida.

Este es precisamente uno de los puntos que se contemplan en el Satipaṭṭhāna Sutta (MN 10): la contemplación de vedanā como uno de los cuatro fundamentos de la atención plena (sati). Observar las sensaciones tal como surgen y desaparecen, sin aferrarse ni rechazar, es una práctica directa que conecta con la enseñanza de las dos flechas.

Una enseñanza para la vida cotidiana

La fuerza de este sutta reside en su universalidad. No hace falta estar en un monasterio ni atravesar una crisis existencial para reconocer el mecanismo de la segunda flecha. Ocurre cada día: en un atasco de tráfico, en una discusión con alguien cercano, ante una noticia desagradable, cuando el cuerpo duele, cuando un plan se frustra.

La primera flecha llega. Eso no lo controlamos. La pregunta que plantea el Buddha es: ¿vamos a dispararnos la segunda?

Lo más poderoso de esta enseñanza es que no exige una transformación radical ni una comprensión filosófica compleja. Basta con empezar a notar: cuando algo desagradable aparece, ¿qué hace mi mente inmediatamente después? ¿Qué estoy añadiendo? Esa observación, practicada con paciencia y honestidad, es ya el comienzo de la libertad que el Buddha describe.

 

A continuación puedes ver el vídeo completo con la lectura narrada del Sallatha Sutta y, debajo, la transcripción íntegra del texto.

“Es como si hirieran a un hombre con una flecha,
y luego lo hirieran de nuevo con una segunda flecha.”
— Buddha (Sallasutta SN 36.6)

El Sutta..

El Discurso de la Flecha – Sallasutta SN 36.6

“Bhikkhus, una persona común no instruida experimenta una sensación agradable, experimenta una sensación desagradable y experimenta una sensación ni agradable ni desagradable.

También un noble discípulo instruido experimenta una sensación agradable, experimenta una sensación desagradable y experimenta una sensación ni agradable ni desagradable.

Entonces, ¿cuál es aquí la distinción, cuál es la diferencia, cuál es la separación entre un noble discípulo instruido y una persona común no instruida?”

“Venerable señor, nuestras enseñanzas tienen al Bienaventurado como raíz, tienen al Bienaventurado como guía, tienen al Bienaventurado como refugio…”

“Bhikkhus, una persona común no instruida, cuando es tocada por una sensación desagradable, se lamenta, se aflige, se queja, se golpea el pecho y llora, y cae en la confusión.
Experimenta dos sensaciones:
la corporal y la mental.
Es como si hirieran a un hombre con una flecha, y luego lo hirieran de nuevo con una segunda flecha.
De este modo, aquel hombre experimentaría la sensación de dos flechas.
Del mismo modo, una persona común no instruida, cuando es tocada por una sensación desagradable, se lamenta, se aflige, se queja, se golpea el pecho y llora, y cae en la confusión.

Experimenta dos sensaciones:
la corporal y la mental.

Al ser tocada por esa misma sensación desagradable, siente aversión hacia ella.

Y cuando siente aversión hacia la sensación desagradable, la tendencia latente a la aversión respecto a la sensación desagradable permanece en ella.

Al ser tocada por una sensación desagradable, se complace (busca complacerse) en el placer sensual.

¿Por qué?

Porque la persona común no instruida no conoce ninguna salida de la sensación desagradable aparte del placer sensual.

Y al complacerse en el placer sensual, la tendencia latente a la pasión respecto a la sensación agradable permanece en ella.

No comprende, tal como realmente son, el origen, la desaparición, la gratificación, el peligro y la salida de esas sensaciones.

Y al no comprender, tal como realmente son, el origen, la desaparición, la gratificación, el peligro y la salida de esas sensaciones, la tendencia latente a la ignorancia respecto a la sensación ni agradable ni desagradable permanece en ella.

Si experimenta una sensación agradable, la experimenta estando unida a ella.
Si experimenta una sensación desagradable, la experimenta estando unida a ella.
Si experimenta una sensación ni agradable ni desagradable, la experimenta estando unida a ella.

Esta persona es llamada ‘una persona común no instruida, unida al nacimiento, a la vejez y a la muerte; unida a las penas, los lamentos, los dolores, las aflicciones y las angustias. Está unida a la insatisfacción’, digo yo.

Pero un noble discípulo instruido, cuando es tocado por una sensación desagradable, no se lamenta, no se aflige, no se queja, no se golpea el pecho llorando, ni cae en la confusión.

Experimenta una sola sensación:
la corporal, no la mental.

Es como si hirieran a un hombre con una flecha, pero no lo hirieran de nuevo con una segunda flecha.

De este modo, aquel hombre experimentaría la sensación de una sola flecha.

Del mismo modo, un noble discípulo instruido, cuando es tocado por una sensación desagradable, no se lamenta, no se aflige, no se queja, no se golpea el pecho llorando, ni cae en la confusión.

Experimenta una sola sensación:
la corporal, no la mental.

Al ser tocado por esa misma sensación desagradable, no siente aversión hacia ella.

Y cuando no siente aversión hacia la sensación desagradable, la tendencia latente a la aversión respecto a la sensación desagradable no permanece en él.
Al ser tocado por una sensación desagradable, no se complace en el placer sensual.

¿Por qué?

Porque el noble discípulo instruido conoce una salida de la sensación desagradable aparte del placer sensual.

Y al no complacerse en el placer sensual, la tendencia latente a la pasión respecto a la sensación agradable no permanece en él.

Comprende, tal como realmente son, el origen, la desaparición, la gratificación, el peligro y la salida de esas sensaciones.

Y al comprender, tal como realmente son, el origen, la desaparición, la gratificación, el peligro y la salida de esas sensaciones, la tendencia latente a la ignorancia respecto a la sensación ni agradable ni desagradable no permanece en él.

Si experimenta una sensación agradable, la experimenta separado de ella.
Si experimenta una sensación desagradable, la experimenta separado de ella.
Si experimenta una sensación ni agradable ni desagradable, la experimenta separado de ella.

Esta persona es llamada ‘un noble discípulo instruido, separado del nacimiento, de la vejez y de la muerte; separado de las penas, los lamentos, los dolores, las aflicciones y las angustias. Está separado de la insatisfacción’, digo yo.

Esta es la distinción, esta es la diferencia, esta es la separación entre un noble discípulo instruido y una persona común no instruida.

El sabio instruido no experimenta la segunda sensación,
sea agradable o desagradable.

Esta es la gran diferencia entre el sabio hábil y la persona común.

Para quien ha comprendido el Dhamma,
para quien es instruido,
para quien ve este mundo y el otro,
lo deseable no agita la mente,
y ante lo indeseable no surge aversión.

Su inclinación y su rechazo
han sido disipados,
han llegado a su fin,
ya no existen.

Habiendo conocido el estado sin mancha y sin pena,
comprende rectamente:
ha ido más allá del devenir.

☸ Sallatha Sutta (SN 36.6) del Saṃyutta Nikāya, leído y traducido al español por KarunaPura. Fuentes consultadas: suttacentral