El Buda cuenta en primera persona cómo, antes de despertar, aprendió a dividir sus pensamientos en dos clases y descubrió que la mente se inclina hacia aquello en lo que se detiene con más frecuencia.
El Dvedhāvitakkasutta es uno de los suttas más personales del Canon Pali. En él, el Buda no enseña desde la posición del maestro que ya ha despertado, sino que mira hacia atrás y cuenta su propia experiencia como buscador. Relata cómo, sentado en el bosque, aprendió a observar sus pensamientos, a clasificarlos y a descubrir algo que hoy la neurociencia confirma: que la mente se inclina hacia aquello en lo que se detiene con más frecuencia.
Es una enseñanza práctica, directa y sorprendentemente moderna. Y es también una invitación a hacer lo mismo que hizo el Bodhisatta: observar con claridad qué tipo de pensamientos habitamos y qué consecuencias tienen.
Dividir los pensamientos en dos clases
El sutta comienza con el Buda recordando el tiempo anterior a su despertar. «Antes de mi despertar«, dice, «cuando aún no había despertado y era todavía un bodhisatta, se me ocurrió: ‘¿Y si permaneciera dividiendo mis pensamientos en dos clases?’«.
La división que propone es sencilla. En una clase puso tres tipos de pensamiento:
- el pensamiento sensual (kāmavitakka),
- el pensamiento de mala voluntad (byāpādavitakka) y
- el pensamiento dañino (vihiṃsāvitakka).
En la otra, sus tres opuestos:
- el pensamiento de renuncia (nekkhammavitakka),
- el pensamiento de buena voluntad (abyāpādavitakka) y
- el pensamiento de no dañar (avihiṃsāvitakka).
Estos tres pares los podemos relacionar directamente con las tres raíces de lo no saludable en la psicología budista: el deseo (lobha), la aversión (dosa) y la confusión (moha). Cada pensamiento no saludable brota de una de estas raíces, y cada pensamiento saludable es su antídoto directo.
Así que podemos usar esta división como una herramienta de observación. Observamos qué surge. Y cuando surge algo, lo podemos clasificar: ¿a qué clase pertenece este pensamiento?
El poder de comprender el peligro
Una vez establecida la clasificación, el Bodhisatta describe qué hacía con cada tipo de pensamiento. Cuando surgía un pensamiento no saludable, por ejemplo, un pensamiento sensual, no intentaba eliminarlo por la fuerza. Lo examinaba. Se preguntaba:
«¿Esto conduce a dañarme a mí mismo?
¿A dañar a otros?
¿A dañar a ambos?
¿Bloquea la sabiduría, favorece la aflicción, no conduce al Nibbāna?».
Y cada vez que reflexionaba así, el pensamiento desaparecía.
Esto es significativo desde el punto de vista práctico. El método que nos plantea el gran médico es comprensión directa (paññā). No lucha contra el pensamiento, sino que lo ve tal como es, y al verlo, pierde su poder. Es el mismo principio que aparece después, ya sistematizado, discurso que sigue a este, el Vitakkasaṇṭhānasutta (MN 20): examinar el peligro (ādīnava) de los pensamientos no saludables.
Los tres criterios que usa el Bodhisatta merecen atención. No se limita a preguntarse «¿esto me hace sentir mal?». Sino que examina tres dimensiones:
- el daño a uno mismo,
- el daño a otros, y
- la relación con el camino: ¿bloquea la sabiduría?, ¿favorece la aflicción?, ¿se aleja del Nibbāna?
Esta triple evaluación convierte cada pensamiento en una oportunidad de comprensión. Desde esa comprensión, hay una oportunidad de poder dirigir la mente hacia aquello que es beneficioso y abandonar lo no saludable.
Los pensamientos son hábitos: la inclinación de la mente
El Bodhisatta hace entonces una observación que constituye quizá la enseñanza más importante del sutta:
«Aquello que un bhikkhu piensa y considera con frecuencia se convierte en la inclinación de su mente.»
Es una descripción precisa de cómo funciona la mente. Si uno piensa con frecuencia pensamientos de deseo, la mente se inclina hacia el deseo. Si piensa con frecuencia pensamientos de buena voluntad, la mente se inclina hacia la buena voluntad. Los pensamientos no son eventos aislados que vienen y van sin consecuencia. La ley del kamma juega un papel muy importante en este pensar. Podemos observar cada pensamiento como una semilla que plantamos, que acabará dando sus frutos (dulces o amargos), inclinando nuestra mente hacia esos resultados.
Con la práctica sostenida, la inclinación de la mente cambia, y lo que antes requería un esfuerzo constante se vuelve natural. Los pensamientos no saludables, cada vez tienen menos base o condición para que puedan surgir.
El límite de los pensamientos saludables
También el Bodhisatta habla de los pensamientos saludables. Porque descubre que incluso estos tienen un límite.
Cuando surgen pensamientos de renuncia, de buena voluntad o de no dañar, el Bodhisatta los examina con la misma claridad. Y concluye que no son peligrosos: no conducen al daño propio ni ajeno, hacen crecer la sabiduría y conducen al Nibbāna. Podría pensar en ellos todo el día y toda la noche sin ver peligro alguno.
Pero entonces viene el matiz:
«Sin embargo, si pensara y considerara durante demasiado tiempo, mi cuerpo se cansaría.
Cuando el cuerpo está cansado, la mente se agita.
Y cuando la mente está agitada, está lejos del samādhi».
Hay algo profundamente honesto en esta observación. El Bodhisatta no dice que los pensamientos saludables sean malos. Dice que incluso el pensamiento más noble, si se prolonga indefinidamente, cansa el cuerpo y agita la mente. Y una mente agitada, por muy buenas intenciones que tenga, no puede entrar en samādhi.
¿Qué hizo entonces? Lo que cualquier meditador reconocería: «Aquieté internamente la mente, la asenté, la unifiqué y la sumergí en samādhi». Dejó de pensar, incluso de pensar aquello que es saludable, y permitió que la mente se recogiera.
Esta es una enseñanza que a menudo se pasa por alto. El objetivo del trabajo con los pensamientos no es simplemente sustituir los malos por los buenos. Es llegar a un punto en el que el pensamiento mismo, saludable o no, se aquieta, y la mente puede descansar en la quietud del samādhi.
“Bhikkhus, lo que un maestro compasivo, que busca el bien de sus discípulos, debe hacer por compasión, eso he hecho por vosotros.
Aquí están estos pies de árboles, bhikkhus; aquí están estas moradas vacías.
Practicad jhāna, bhikkhus.
No seáis negligentes.
No tengáis remordimiento después.
Esta es mi instrucción para vosotros”.”
— Buddha (Dvedhāvitakkasutta MN19)
Lee el sutta completo
Puedes leer la traducción completa del Dvedhāvitakkasutta (MN 19) junto con el Pali, los comentarios y variantes textuales en nuestra sección de suttas: Dvedhāvitakkasutta — Dos Clases de Pensamiento (MN 19)
☸ Dvedhāvitakkasutta (MN 19) del Majjhima Nikāya, leído y traducido al español por KarunaPura. Fuentes consultadas: suttacentral
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